Crash Zone – Texto íntegro

Crash Zone – Texto íntegro de la obra de Jean-Pierre Martinez, disponible de forma gratuita para su lectura en Universcenic

Personajes

  • Bal
  • Mel
  • Gas

El escenario está totalmente vacío. Solo se oye el ruido del viento. Mel llega. Parece no saber muy bien dónde se encuentra. El ruido disminuye hasta el silencio. Bal llega.

Bal — Ah, estás aquí…

Mel — Sí.

Bal — Pensé que te había perdido. (Los dos echan una mirada a su alrededor.) Entonces… ya está. Hemos llegado…

Mel — Sí.

Bal — Muy bien…

Se oye de nuevo el viento.

Mel — Hace un poco de frío, ¿no?

Bal — Sí…

Bal se acerca al borde del escenario.

Mel — Ten cuidado, creo que estamos al borde del abismo.

Bal — ¿Del abismo?

Mel — Bueno… al borde del acantilado.

Bal da un paso más hacia el borde del escenario y mira en dirección de los espectadores.

Bal — Ah sí… De verdad, es muy alto.

Mel se acerca a él.

Mel — Ni siquiera se puede ver al fondo…

Ruido del viento. Durante unos instantes, miran fijamente hacia adelante sin hablar.

Mel — Sin embargo, me pregunto qué coño estamos haciendo aquí…

Bal — Dicen que aquí desapareció.

Mel — ¿Aquí?

Bal — Aproximadamente…

Mel — Lo cierto es que aquí no lo encontraremos.

Bal — No…

Ruido de avión en el cielo.

Mel — Pero cuando dices aquí, ¿a qué te refieres exactamente…?

Bal — El avión cayó en picada. Al parecer, cuando volaba a muy gran altitud. Encontraron pedazos en un corredor de dos kilómetros de ancho y ocho kilómetros de largo más o menos.

Mel — O sea, hasta aquí.

Bal — Más allá del acantilado, es… No se sabe.

Mel — Muy bien… O sea… no es exactamente aquí.

Bal — No saltó en paracaídas. Se desintegró en el aire. Entonces, claro…

Mel — Dos kilómetros de ancho, y seis de largo…

Bal — Ocho.

Mel — Son dieciséis kilómetros cuadrados.

Bal — Más o menos…

Mel — Bueno, pues… Digamos más bien que por allí se desvaneció.

Bal — No encontraron restos del cuerpo en la zona de pulverización.

Mel — Quieres decir… la zona de impacto.

Bal — Nada que se pueda percibir a simple vista, o que pueda identificarse con una prueba de ADN.

Ruidos de aviones de caza en picada y de bombardeos.

Mel — ¿Pero que coño podía él hacer en ese avión?

Bal — No sé… Dios está en todas partes…

Mel — ¿Cómo?

Bal — Digamos que… estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Mel — Tienes razón… La verdad es que era un poco como Dios… Nunca en el lugar adecuado en el momento oportuno… Y menos aún en el momento en el que lo necesitábamos…

Bal — Debimos haber traído flores o… ¿Qué sé yo?… Una corona…

Mel — Sí… Tendremos que pensarlo, la próxima vez.

Bal — ¿La próxima vez? Quieres decir… la próxima vez que vengamos aquí a rendirle homenaje?

Mel — Pues sí… No la próxima vez que se estrelle aquí en avión, ¿verdad?

Bal — No, por supuesto.

Mel — Bueno, es sólo una forma de hablar. No vamos a peregrinar aquí cada año.

Bal — No…

Mel — Era nuestro hermano, venimos a despedirle. Muy bien. Pero bueno… Tampoco era ningún héroe. No murió en ninguna guerra. Y a mí no me gustan mucho las celebraciones…

Bal — A mí tampoco… Además… queda muy lejos, ¿no?

Ruido de aeropuerto.

Mel — Un vuelo Madrid-Gijón… Es un poco ridículo, ¿verdad? Por qué coger un avión para ir a Gijón?

Bal — Sobre todo él, que nunca viajaba en avión…

Mel — ¿Qué coño tenía que hacer en Gijón?

Bal — Eso no lo sabremos nunca, probablemente…

Silencio.

Mel — Y… ¿están seguros de que él se encontraba de verdad en este avión?

Bal — Pues sí… Supongo…

Mel — ¿Cómo pueden estar tan seguros? Si no han encontrado ningún rastro de él en la zona del accidente…

Bal — Tampoco hemos encontrado ningún rastro de él en otra parte…

Mel — La verdad es que no era alguien que dejara muchos rastros…

Bal — Sí, era más bien discreto…

Mel — Hasta apocado, se podría decir… Por eso, una muerte tan dramática…

Bal — No es su estilo. Sin embargo, su apellido figuraba de verdad en la lista de pasajeros… No hay la menor duda en cuanto a eso.

Mel — Puede haber perdido su avión en el último momento.

Bal — Ése tampoco es su estilo.

Mel — Es cierto que era más bien un hombre puntual.

Bal — Sí… Por no decir maniático…

Mel — El tipo de hombre que llega al aeropuerto cuatro horas antes de su vuelo.

Bal — No, no pudo perder este vuelo. Desgraciadamente… Además, si fuera eso, tendríamos noticias suyas, ¿no?

Silencio.

Mel — Bueno, ¿y ahora qué? ¿Qué se supone que hagamos?

Bal — No sé… Sólo estamos aquí para…

Mel — Rendirle un último homenaje.

Bal — Al parecer, a mamá le importaba mucho.

Mel — Lástima que al final, no pudo estar aquí con nosotros.

Bal — No se sentía muy bien… Es comprensible…

Mel — Sí, por supuesto… Para ella… fue algo terrible.

Bal — A pesar de todo, era su hijo.

Mel — Sí… Pero si ella renunció a hacer el viaje, podríamos haber cancelado todo…

Bal — Compré los billetes. No eran reembolsables.

Mel — De acuerdo… Así que… estamos aquí para que no se pierdan los billetes.

Bal — Sí…

Mel — ¿Y el billete de mamá?

Bal — Se lo dio a Gas.

Mel — ¿Gas está aquí también?

Bal — Bueno… Después de todo, forma parte de la familia, ¿verdad?

Mel — Si tú lo dices … Pero… no la hemos visto en el tren, ¿sí?

Bal — Era un billete de avión… A Mamá le importaba mucho hacer el mismo recorrido que él… Para darse cuenta…

Mel — ¿Darse cuenta de qué?

Bal — Pues… no sé.

Mel — Ya veo… Como esa gente que vuelve a recorrer las doce estaciones del vía crucis, en pantalón corto y chanclas, sin olvidar un bocadillo y un refresco por si acaso… Para darse cuenta…

Bal — Sí…

Mel — O el camino de Santiago, paso a paso, unos kilómetros cada año, y pasando la noche en hoteles con piscina.

Bal — Sí…

Mel — Así que al final, Gas se quedó con el billete de mamá…

Bal — No sé qué le pasó… Debiera haber llegado antes que nosotros.

Mel — Y entonces… ¿viajó en esta misma compañía? Digo… la puta compañía cuyo avión se estrelló aquí mismo?

Bal — O Low Cost… Sí…

Mel — Bueno…

Bal — Si su avión se estrella también, es de esperar que, en su caso, se puedan encontrar unos trozos.

Mel — Ojalá no sean demasiado gordos, y no le caigan a nadie encima…

Gas llega, en un atuendo poco apropiado para rendir homenaje a un desaparecido. Lleva en la mano una cajita de pastelería.

Gas — Ah, ya estáis aquí…

Bal — Sí… Por cierto, empezábamos a preocuparnos de que no hubieras llegado todavía.

Mel — ¿Que tal el viaje?

Gas — Bueno, ya sabes… Madrid-Gijón… Ni siquiera tienen tiempo para servirte algo caliente en el avión… (Enseñando la cajita de pastelería) Compré esto en una pastelería, de camino…

Mel — ¿Ah sí?

Gas — Entonces, es aquí…

Bal — Parece que sí.

Gas mira a su alrededor, y da unos pasos hacia el público.

Bal — ¡Cuidado…! No te acerques demasiado.

Mel — Sería tonto estrellarte al fondo de un barranco, intentando rendir homenaje a la víctima de un accidente aéreo.

Gas — Quería traer flores, pero… en el avión. Y, pues, no encontré ninguna floristería…

Bal — Por suerte, encontraste una pastelería…

Momento de recogimiento.

Gas — Y por supuesto, no habéis encontrado nada…

Bal — Tampoco hemos buscado, ¿no?

Mel — No hemos venido para eso, ¿verdad?

Gas — Por cierto, me pregunto para qué hemos venido exactamente.

Bal — Pues… para rendirle un último homenaje, ¿no?

Mel — Muy bien… Y eso, ¿cómo se hace?

Gas — Es en momentos como este cuando la religión puede ayudar (Los otros dos la miran, sorprendidos) Por lo de los rituales, quiero decir…

Mel — No vamos a hacer una oración.

Bal — Sobre todo cuando no conocemos ninguna.

Gas — ¿Alguien tiene otra idea?

Mel — No sé… ¿Un minuto de silencio, quizás?

Gas — Vamos…

Permanecen silenciosos durante unos momentos. Bal echa un vistazo a su reloj.

Bal — A mí me está dando hambre, ¿a vosotros no? (Mirando a la cajita de pastelería) ¿Así que nos trajiste pasteles?

Gas — Sólo cogí uno, pero bueno… Siempre podemos compartir.

Gas abre la cajita.

Bal — ¿Qué es?

Gas — Tarta gijonesa.

Bal — Por supuesto… Especialidad de la zona…

Mel — No sé cómo vamos a lograr partir eso…

Gas — No os preocupéis, siempre llevo un cuchillo encima…

Gas saca un cuchillo del bolsillo. Los otros dos la miran con cierta inquietud.

Gas — ¿La parto en cuatro?

Bal — ¿En cuatro? Si ya no somos más que tres…

Gas — Por supuesto, lo olvidé…

Bal — Sí… Ahora tendremos que acostumbrarnos…

Gas parte la tarta en tres.

Gas — Pues ya está… Será… una especie de eucaristía atea.

Bal — Por suerte, una torta gijonesa, incluso partida en tres, llena más que una hostia.

Cada uno coge su parte de la tarta y se la come.

Gas — Es verdad… podríamos haberla dividido en cuatro, pero bueno…

Bal (la boca llena) — Con lo pequeño que es, ya…

Mel — Quieres decir… ¿una ofrenda para el espíritu del desaparecido, eso es?

Gas — Es un ritual que se practica en muchas religiones… La parte de Dios…

Mel — O del diablo.

Bal — Espero a que no nos vaya a pesar en el estómago.

Ruido de lluvia.

Gas — Ha llovido mucho, ¿no?

Mel — Estamos en Asturias.

Bal — No se parece mucho a Asturias, ¿sí?

Gas — ¿Qué quieres decir…?

Bal — Pues… no se parece a nada. Podría ser cualquier lugar.

Mel — Sin embargo… se ven acantilados.

Gas — Pero no se ve el mar. ¿Lo veis, vosotros?

Mel — No.

Gas — Está muy oscuro. Y el acantilado parece muy alto.

Mel — Sí, da un poco de miedo.

Gas — Me pregunto si tuvieron tiempo para ver el mar, antes de…

Bal — Antes de estrellarse.

Gas — No lo sabremos nunca…

Bal — Pero tú. Cogiste el mismo vuelo… ¿Se veía el mar, o no?

Gas — Pues no sé… La verdad… me dormí.

Bal — De acuerdo… Le regalamos un peregrinaje en avión, y ella se duerme.

Mel — Contábamos contigo para relatarnos cómo fueron los últimos instantes de nuestro querido desaparecido…

Bal — Ahora, ¿cómo vamos a poder superar este doloroso proceso de duelo?

Mel — Por lo menos, nos pudo decir que en el avión no servían comida caliente.

Bal — Así que, además, habrá muerto con el estómago vacío.

Silencio.

Gas — Parece que ya no llueve.

Mel — Es verdad. El cielo se está despejando un poco.

Bal — Habrá un arco iris.

Gas — Dicen que el cuerpo humano está constituido principalmente por agua.

Mel — ¿Y qué?

Gas — Quizás sea él.

Bal — ¿Qué cosa?

Gas — ¡El arco iris! (Los otros dos la miran, sin comprender) Ya que se evaporó en el aire después de explotar el avión… Un arco iris, es el espectro de la luz que se revela a nuestros ojos a través de gotas de agua…

Vuelven todos a mirar el arco iris.

Bal — Quieres decir, ¿Como una aparición milagrosa?

Gas — ¿Por qué no?

Bal — Entonces, de alguna manera, es un poco como si lo volviéramos a encontrar.

Mel — Bueno… A este paso, también sería él la lluvia que nos acaba de caer encima.

Bal — Así le diremos a mamá. Por lo del arco iris… Seguro que lo agradecerá.

Gas — Es muy religiosa.

Mel — Y eso es un símbolo hermoso.

Gas — El Arca de la Alianza.

Mel — La familia por fin reunida…

Silencio.

Bal — Tal vez podríamos sacar una foto…

Mel — ¿Tú crees?

Gas — De recuerdo.

Mel — OK…

Bal — Vamos… ¡Tomémonos una selfie!

Los tres se ponen de espalda a los espectadores para tomar una selfie.

Mel — ¿Sonreímos o no?

Gas — Pues… nos sé.

Mel — Tampoco vamos a pretender estar llorando.

Bal — Bueno, pues… ¡Patata!

Mel saca la foto.

Mel — Muy bien, ya está… Ahora podemos irnos, ¿verdad?

Gas — ¡Si acabo de llegar!

Bal — Podemos quedarnos un ratito más.

Gas — Sí… nos ayudará a…

Bal — …aceptar la desaparición de nuestro querido hermano.

Gas — Para eso hemos venido, ¿no?

Mel — Bueno… (Mel mira la foto en su móvil.) Es muy raro… sólo se ve el arco iris… No sé por qué, pero bueno… Está bien así.

Bal — A ver… (Mel le enseña la pantalla de su móvil.) Ah sí… Se parece un poco al logotipo…

Gas — LGBT…

Bal — Pensaba más bien al logotipo de una compañía de seguros…

Mel — O de una compañía aérea…

Gas — O Low Cost, por ejemplo…

Silencio.

Bal (mirando a su alrededor) — No conocía a Asturias. ¿Y vosotros?

Mel — No.

Gas — Tendremos que volver. En verano…

Bal — ¿No es verano?

Gas — Ah sí, puede ser… Es que con este tiempo…

Bal — Por cierto, empieza a llover de nuevo.

Gas — Sí. Desapareció el arco iris.

Mel — Eso también es un símbolo, ¿no?

Gas — ¿Símbolo de qué?

Mel — De que ya nos podemos ir. El holograma milagroso desapareció. Está bien así, ¿no?

Gas — No sé…

Bal — En cuanto a mí, ya basta. Acepté su desaparición, ¿vosotros, no?

Mel — Bueno. Vámonos, entonces.

Gas despliega un paraguas.

Bal — Hasta pensaste en traer un paracaídas… Quiero decir un paraguas.

Mel — ¿Qué haríamos sin ti…?

Los otros dos se ponen bajo el paraguas.

Gas — Por lo menos, nos habrá permitido pasar un rato juntos.

Bal — Sí… Por fin, esta prueba dolorosa nos habrá acercado.

Mel — ¿Cuánto tiempo hace desde que nos vimos por última vez?

Gas — No sé… Mucho tiempo…

Están a punto de salir.

Mel — Espera, la última vez, era… No sé… Lo olvidé…

Bal — Por cierto, ¿por dónde vamos?

Momento de duda.

Mel — Creo que hemos llegado por aquí, ¿no…?

Bal — ¿Estás seguro?

Gas — Debimos dejar un rastro de migas de pan al venir aquí…

Mel — Intentemos por allí, y ya veremos…

Van a salir cuando Gas ve en el suelo un objeto que recoge.

Mel — ¿Qué es esto?

Gas — Un bolígrafo.

Bal — Bueno… Tú por lo menos no habrás hecho todo este camino para nada…

Gas examina el bolígrafo.

Mel — ¿Qué?

Gas — Es un bolígrafo promocional.

Bal — ¿Y qué?

Gas (le tiende el bolígrafo) — Mira…

Bal coge el bolígrafo y lo mira.

Bal — Banco del Espíritu Santo…

Gas — Es increíble, ¿no? Precisamente, él trabajaba en un banco…

Bal — Sí… En este mismo Banco del Espíritu Santo, si no me equivoco… Entonces, eso significaría que…

Mel — ¡Esperad un momento…! Miles de personas trabajan en el Banco del Espíritu Santo. Sin hablar de sus millones de fieles… Digo de clientes…

Gas — Es verdad… Pero aquí, nos encontramos en la zona del accidente…

Mel — ¡Una zona de dieciséis kilómetros cuadrados! Los expertos de la policía científica no han encontrado ningún rastro de él, ¿pero nosotros hubiéramos encontrado su boli?

Gas — ¿Y por qué no? A veces ocurren milagros, ¿no?

Mel — Yo precisamente pensaba que los milagros no existían, pero bueno… Si lo dices tú…

Bal — Sin hablar exactamente de milagro… A veces, incluso en un pajar puedes encontrar una aguja.

Mel — Personalmente, nunca encontré ninguna aguja en ningún pajar. Pero confieso que nunca se me antojó buscar…

Bal — Tienes razón… Creo que estamos empezando a delirar… Será por la fiebre. Nos resfriamos. Con esta lluvia…

Gas coge de nuevo el bolígrafo.

Gas — La dirección es la de una agencia del Banco del Espíritu Santo en Madrid. En el Barrio Chino.

Bal — ¿Él vivía en el Barrio Chino?

Gas — De todos modos, vivía en Madrid. Y aquí estamos en Asturias.

Mel — Sí…

Gas — Tal vez dejó un mensaje…

Bal — ¿Un mensaje…?

Gas — Si tenía su boli en la mano en el momento que el avión empezó a caer en picada… Quizás tuviera tiempo para escribir un mensaje de despedida. Al sentir llegar la muerte…

Mel — Por supuesto… Tal vez tiró una botella al mar, también. Por la ventana del avión.

Gas — Sea lo que sea, este bolígrafo no llegó solo hasta aquí…

Mel — Al sentir llegar la muerte, como tú dices, hoy en día, uno manda un mensaje desde su móvil a sus amigos de Facebook. No se saca un papelito y un boli del bolsillo para escribir su testamento…

Gas — ¡Pero si sabéis muy bien que él no tenía móvil!

Bal — ¿No tenía móvil? Pues no. La verdad, yo no lo sabía…

Gas — La última vez que me llamó, fue desde una cabina telefónica. Se nos cortó la llamada… Ni siquiera pude despedirme de él.

Mel — ¿Para qué te hubieras despedido de él? Si no sabías que iba a morir…

Bal — En todos casos, en los aviones, está prohibido el uso del móvil. Para no perturbar las comunicaciones entre el piloto y la torre de control.

Gas — Vete a saber… Quizás al tratar de mandar un mensaje de despedida provocó este desastre aéreo…

Mel — Pues sí… Muy lógico… Provocar su propia muerte al enviar un mensaje de despedida…

Bal — Lo que quiere decir es que… pudo precipitar la caída del avión.

Mel — ¡Pero si ella acaba que decir que él no tenía un móvil!

Gas — Tal vez acababa de comprar uno, por fin.

Bal — La verdad es que hoy en día, no quedan muchas cabinas telefónicas.

Mel — Ya sé que este tío era gafe, y traía mala suerte a todos los que se le aproximaban, pero bueno… Hasta provocar un accidente aéreo al hacer su primera llamada con su primer móvil justo después de comprarlo.

Bal — La verdad es que yo, personalmente, hubiera evitado viajar con él en el mismo avión un martes 13.

Mel — Seguro que de vivir en la época, su apellido hubiera figurado en la lista de los pasajeros del Titanic.

Gas — Bueno… ¿Y ahora qué?

Bal — Podríamos echar un vistazo, rápido…

Mel — ¿Un vistazo? ¿A qué?

Gas — A ver si encontramos también el papelito que quizás nos dejó.

Mel — Es una broma, ¿verdad?

Bal — Ya que estamos aquí… ¿Por qué no?

Gas y Bal empiezan a buscar. Mel los mira con desaprobación.

Gas — Empieza a oscurecer. No se ve muy bien…

Bal (a Mel) — Ya que estás aquí, ¡ayúdanos un poco! Y terminemos con esto…

Mel — No me lo creo…

Mel se pone a buscar, de mala gana.

Gas — ¿Has mirado por allí?

Bal — Lo voy a hacer…

Gas — Yo buscaré por aquí. Mel, ¿podrás mirar por el otro lado?

Bal — Si el boli se cayó en esta zona, tal vez el papel no esté muy lejos.

Mel — Salvo que un papel puede volar. Mucho mejor que un boli. Y en todos casos mucho mejor que un avión de la O Low Cost…

Bal — Es cierto que este nombre no resulta muy atractivo para une compañía aérea.

Mel — ¿Ah sí…? ¿Y por qué esto?

Bal — Pues… O Low Cost. Suena un poco como Holocausto, ¿no…?

Gas — Bueno… Si tú lo dices…

Bal — En todo caso, este nombre no les trajo buena suerte…

Bal ve algo en el suelo, y lo coge. Es un papel. Lo mira.

Mel — ¿Qué es esto?

Gas — No me digas que… ¿Es eso?

Mel — ¿Eso qué?

Gas — ¡Su testamento! Bueno… su carta de despedida…

Bal — No sé… Son sólo unas palabras garabateadas en un papelito… No hay firma.

Gas — Quizás no tuvo tiempo para firmar.

Mel — Bueno, pero… ¿es su letra, o no?

Bal — Qué sé yo… Su letra… ¿Tú la conoces?

Gas — No.

Mel — No era alguien que escribiera mucho.

Bal — Hasta yo diría que, incluso cuando estaba vivo, era alguien que se hacía el muerto.

Mel — Bueno, pero este papelito, ¿qué dice?

Bal (leyendo) — “Sólo una nota para decirte que no volveré a casa esta noche”.

Mel — ¿Y nada más?

Bal — Nada más.

Gas — ¿Y no hay firma?

Bal — No.

Mel — Pero… ¿a quién está dirigido?

Bal — Vete a saber…

Gas — A su mujer, quizás.

Mel — ¿Era casado?

Bal — A que yo sepa… no.

Gas — Tal vez era homosexual…

Los otros dos la miran, sorprendidos.

Bal — ¿Por qué dices esto?

Gas — No sé… Me pasó por la cabeza… Como no estaba casado.

Bal — Te recuerdo que hoy en día, uno puede ser homosexual y estar casado.

Gas — Tienes razón. No sé por qué dije eso.

Bal — Sí… Por cierto… empiezo a preguntarme si lo conocíamos tan bien como pensábamos.

Mel — No me digas…

Bal — ¿Cómo estar seguros de que esta nota es de su mano…?

Gas — A ver…

Gas coge el papel de la mano de Bal, saca el bolígrafo que acaban de encontrar, y traza un linea.

Gas — La tinta de la nota es la misma que la del boli.

Mel — ¿Qué color?

Gas — Azul.

Bal — Entonces… significaría que esta nota fue escrita con este mismo boli?

Mel — Bueno, esto me parece muy poco concluyente… ¡Uno de cada dos bolígrafos escribe en azul!

Gas da la vuelta al papel.

Gas — Esta escrito al dorso de un volante publicitario…

Mel — ¿Y es publicidad para qué? ¿Para el Banco del Espíritu Santo?

Gas — No… Para… un vidente… Sabes… Amor, dinero, salud…

Bal — Si realmente estaba viendo a un vidente, no funcionó demasiado bien para él.

Mel — Si fuera él, pediría al vidente que me devolviera el dinero.

Bal — Bueno… Pero, como está muerto, ya no se puede quejar.

Gas — “Sólo una nota para decirte que no volveré a casa esta noche”… Sin embargo, es muy parecido a un mensaje de despedida, ¿no?

Mel — También puede ser una nota que un marido dejó a su mujer en la mesa de la cocina para decirle que debió quedarse a dormir en algún hotel por trabajo.

Bal — O un mensaje de una mujer a su marido para decirle que lo deja para irse con alguien más joven.

Gas — ¿Aquí? ¿En el medio de la nada?

Mel — Lo repito: a veces, los papelitos vuelan.

Gas — Bueno, entonces ¿qué hacemos?

Mel — ¿Qué quieres que hagamos…?

Gas — Si esta nota no fue escrita por él, la escribió otro pasajero. Y necesitamos saber cuál.

Mel — ¿Y eso… para qué?

Gas — ¡Pues para dárselo al destinatario!

Mel — ¿En serio? ¿Haremos un análisis grafológico para saber cuál de las víctimas de este accidente aéreo pudo escribir esta nota, y para quién?

Gas — Por supuesto, no lo haremos nosotros. Pero siempre podemos entregar esta prueba a los expertos de la policía científica.

Mel — Muy bien… Y todo esto para que al final dentro de seis meses o un año, una viuda o un huérfano reciba este último mensaje de su querido desaparecido: “Sólo una nota para decirte que no volveré a casa esta noche”… Después de tanto tiempo, se supone que ya lo sabrán, ¿no?

Bal — Bueno…

Mel — Pues sí…

Gas — Entonces, ¿qué vamos a hacer con este papel?

Bal — Lo volvemos a poner en el sitio donde lo encontramos, y ya está.

Gas — Bueno… (Vuelve a poner el papel en su sitio.) ¿Era aquí?

Bal — No sé… Un poco más lejos, quizás…

Mel — ¿Realmente es importante?

Bal — Pues así, no habremos alterado nada… En cierto modo… estamos aquí en un santuario, ¿verdad?

Gas — Sí… Un lugar poblado por todos los espíritus que deambulan por aquí…

Bal — Los espíritus de todos aquellos pasajeros que no se conocían entre sí, y que murieron juntos, en el mismo momento.

Gas — Creo sentir su presencia, ¿vosotros no?

Bal — Sí… Un poco…

Mel — Quizás, sí…

Gas deposita el papel delicadamente en el suelo y permanece inmóvil durante un instante, con aire de recogimiento.

Gas — Me quedaré, sin embargo, con el boli.

Bal — Tienes razón, siempre hace falta un boli…

Mel — Sobre todo si vuelves en avión con esta misma compañía… Para redactar tu cartita de despedida. ¿Tienes papel? Tengo si necesitas…

Gas guarda el boli en su bolsillo.

Bal — Bueno, ya podemos despedirnos, ¿verdad?

Mel — Eso es, vámonos…

Gas vacila todavía.

Gas — Lo siento, pero…

Mel — ¿Ahora qué?

Gas — Os pido sólo un minuto.

Mel — ¿A qué hora sale el tren? Acabaremos por perderlo si nos demoramos demasiado.

Bal — Sí… Ya es noche.

Gas — No os preocupéis, será sólo un momento.

Bal — Bueno… Te escuchamos.

Gas — Es acerca de lo que dije antes…

Bal — ¿Qué? ¿Qué dijiste?

Gas — Cuando dije que quizás… era homosexual.

Mel — ¿Y entonces? ¿Tienes más información al respecto?

Bal — Bueno, ahora que ha muerto… no importa tanto la cuestión de su orientación, ¿verdad?

Gas — Por cierto… tengo motivos para pensar que no era… Bueno, que era más bien…

Mel — ¿Homosexual?

Bal — ¡Joder! Por supuesto… ¡El arco iris! Decíamos que era una señal…

Mel — Eso es una pesadilla… No vamos a pasar la noche aquí, disertando sobre la salida del clóset póstuma de un tío cuyos restos están esparcidos en una superficie de dieciséis metros cuadrados!

Bal — Incluso después de su muerte, tenemos el derecho de saber quién era realmente. Al fin y al cabo, era nuestro hermano.

Mel — Bueno, pues ¿era homosexual, sí o no? Nuestro querido hermano…

Gas — Lo que quería decir, precisamente, es que… tengo motivos para creer que no era nuestro hermano.

Silencio.

Mel — Joder… Es el cuento de nunca acabar…

Bal — ¿Que no era nuestro hermano? ¿Quieres decir que… podría haber sido adoptado, o algo así?

Gas — Ni siquiera.

Bal — ¿Cómo que ni siquiera?

Gas — Tenía más o menos la misma edad que nosotros. Un poco más viejo, quizás. Por eso, siempre pensamos que era nuestro hermano mayor. Pero bueno… Nunca se lo preguntamos…

Bal — Es verdad que… nunca se me hubiera ocurrido preguntarle.

Mel — Sobre todo porque… él no hablaba mucho, ¿verdad?

Gas — No… Confieso que incluso, a veces me pregunté si no sería mudo…

Mel — Así que, en vuestra opinión, este tío que siempre vimos en casa, no era nuestro hermano…

Bal — Hay que reconocer que nunca fue claramente confirmado.

Mel — Pues, tenéis razón… De hecho… nunca fue claramente enunciado.

Bal — Bueno, pero si acaso no era nuestro hermano, entonces… ¿quién era?

Gas — ¡Cuidado…! Tampoco dije que estaba segura…

Bal — Dijiste que tenías buenos motivos para pensarlo.

Mel — Entonces, ¿cuáles son estos motivos?

Gas — Bueno, pues… para empezar, no se parecía mucho a nosotros.

Bal — Tampoco se puede decir que nosotros tres nos parecemos mucho, ¿no? Y a pesar de esto, somos hermanos y hermana.

Gas — Sí, es verdad.

Mel — Aunque… ¿Quién sabe…? Tal vez no seamos hermanos y hermana, al final…

Gas — ¿Tú crees?

Mel — En absoluto, estoy bromeando… Pero bueno… tampoco eso fue claramente enunciado.

Bal — Es verdad…

Mel — Esto ha ido demasiado lejos, ¿no os parece?

Bal — Sí… Incluso me da un poco de miedo…

Gas — Tienes razón…

Bal — Pero cuando dijiste “para empezar, no se parecía mucho a nosotros”… Tienes otros motivos para dudar que fuera nuestro hermano?

Gas — Bueno, pues… Su nombre, por ejemplo…

Bal — ¿Su nombre…? Sí… ¿Por cierto… cómo se llamaba?

Mel — Lin.

Gas — Eso es. Siempre tuve problemas con este nombre. Hasta hoy, no estoy segura de saber cómo se escribe.

Mel — ¿Lin? Pues… como se pronuncia, ¿no?

Gas — Sí, pero… ¿Con una hache al final, o no?

Bal — Pues no sé… (A Mel) ¿Pondrías una hache, tú? Al final, o… por en medio.

Mel — Confieso que hasta hoy, jamás me lo pregunté… Y como no tenía motivo para escribir su nombre…

Bal — Tampoco teníamos motivos para escribirle cartas… Estaba siempre en casa, con nosotros…

Gas — Y en cuanto a la pronunciación… Igual… No lo llamábamos muy a menudo.

Mel — Es verdad… ¿Para qué lo llamaríamos?

Bal — Sí. Además, cuando lo llamábamos, muy pocas veces contestaba.

Mel — Hasta me pregunté si no era sordo.

Gas — Lin…

Bal — Es un nombre típicamente asturiano.

Mel — ¿De verdad?

Bal — ¡Pues sí! Incluso es una marca de sidra, creo.

Mel — Es raro… Siempre pensé que era un nombre chino.

Gas — ¿Chino? ¿Y por qué chino?

Mel — No sé… Me imaginaba una hache al final…

Gas — Tú te llamas Melchor, hay una hache por en medio, y no eres chino, ¿verdad?

Mel — No. A lo que sepa…

Bal — Bueno pues, con o sin hache, asturiano o chino, Lin no es un nombre corriente… Quiero decir como los nuestros: Melchor, Baltazar o Gaspara…

Mel — ¿Te llamas Baltazar?

Bal — ¡Claro! ¿No lo sabías?

Mel — Pues no…

Gas — Yo tampoco… Como siempre te dijimos Bal.

Bal — Es un diminutivo. Para Baltazar. Como Mel para Melchor o Gas para Gaspara.

Gas — ¿Me llamo Gaspara?

Bal — Me parece, sí. Bueno, es lo que siempre pensé… ¿Tú, no?

Mel — Quizás, sí…

Bal — Así que él no tenía diminutivo, como nosotros… Eso también es extraño, ¿no?

Mel — ¿Un diminutivo de Lin? ¿Que podría ser?

Bal — ¿Li?

Mel — ¿Li? Ya no es diminutivo, es onomatopeya.

Gas — En todo caso, no hay sidra en China. Él tenía un nombre asturiano. Y uno podría preguntarse por qué.

Mel — De ahí a pensar que no era nuestro hermano…

Bal — Siempre se lo podría preguntar a mamá al volver a casa.

Mel — Bueno… Aunque no sean cosas fáciles de preguntar a una madre…

Gas — Yo quería hacerle una prueba de ADN, pero murió antes que pudiera hacérsela.

Mel — ¿Una prueba de ADN? ¿Sin pedirle permiso, quieres decir?

Bal — Siempre es posible recoger algo de saliva o unos pelos… Hoy en día, es muy fácil realizar una prueba de ADN.

Gas — Sí, pero ahora, va a ser más complicado. Dieciséis kilómetros cuadrados, y ni un solo trozo que pueda verse a simple vista…

Bal — Lin… Eso explicaría su presencia aquí…

Mel — ¿Ah sí?

Gas — Si es un nombre asturiano… Quizás seguía teniendo relaciones con Asturias…

Mel — De acuerdo… Y él también venía aquí para hacer un peregrinaje… En busca de sus raíces. Ahora que me lo cuentas, es verdad. Muchas veces lo he visto bebiendo sidra y comiendo tartas gijonesas.

Gas — ¿De veras?

Mel — No, estoy bromeando… Ya veis que nos estamos volviendo locos.

Gas — Sin embargo… Es muy raro todo esto, ¿no?

Bal — ¿Qué?

Gas — Para empezar… ¿Por qué no vino mamá?

Mel — Bal dijo que no se sentía bien.

Gas — Quizás era un pretexto para no acompañarnos.

Mel — Por supuesto… Y quizás no sea nuestra madre…

Gas — No dije esto…

Bal — Hace rato, nos preguntábamos si éramos hermanos y hermana. Si no somos hermanos y hermana, mamá tampoco es nuestra madre, ¿no?

Mel — ¿De quién sería la madre, entonces?

Gas — ¿Podría ser la madre de Lin?

Mel — Ahora lo entiendo todo. Seguro el verdadero hijo de la familia era él. Y los falsos hermanos, somos nosotros.

Bal — Pero entonces ¿qué coño estamos haciendo aquí? Quiero decir, ¿Por qué viviríamos con esta familia durante tantos años? Si precisamente no somos parte de ella…

Mel — Vete a saber…

Gas — ¡Quizás nos dieron a esta mujer para que nos criara!

Mel — Eso es… Nuestros padres nos dejaron allí, y nunca volvieron a recogernos. Y la qué llamábamos mamá se quedó con nosotros… por caridad cristiana.

Bal — ¡Y no se atrevió a revelarnos que no era nuestra madre!

Gas — ¡Cierto! Nunca nos dijo claramente que éramos sus hijos.

Mel — ¡Claro! Y como su propio hijo era sordo-mudo, tampoco él podía decir lo contrario.

Bal — Eso explicaría muchas cosas…

Gas — Sí… Lo tengo mucho más claro ahora…

Mel — ¿En serio?

Silencio.

Gas — Sin embargo, un detalle sigue molestándome.

Mel — No me digas…

Gas — Eso querría decir que nuestros propios padres habrían muerto todos al mismo momento…

Bal — ¿Qué?

Gas — Si la dejaron criarnos, y esta mujer nos adoptó porque nuestros padres murieron… es porque nuestros padres murieron todos al mismo tiempo. Ya que no somos hermanos y hermana.

Bal — Sí… En un accidente, entonces.

Gas — Quizás viajaban todos en el mismo avión…

Mel — ¿Qué avión?

Gas — No sé… El que se estrelló aquí, quizás…

Mel — ¿Aquí?

Bal — Pero este accidente, ¿cuando ocurrió, exactamente?

Mel — Exactamente, no sé. Y confieso que con todo esto, estoy un poco confundido. ¿No queréis que sigamos hermanos y hermanas más bien?

Bal — Tienes razón… No exageremos. Somos hermanos y hermana, es evidente…

Mel — O en cualquier caso, es más simple para todos…

Silencio.

Gas — A menos que…

Mel — ¿Ahora qué?

Gas — ¿Y si él era nuestro padre?

Bal — ¿Quién?

Gas — ¡Lin!

Mel — Allá vamos, de nuevo…

Bal — Era un poco joven, ¿no? Para ser nuestro padre…

Gas — ¿Joven? Depende… ¿Cuándo?

Bal — Además, nunca lo vimos… Quiero decir, no dormía con mamá, ¿verdad? En la misma habitación…

Mel — Lo hubiéramos notado, ¿no? Que nuestro hermano duerma en la misma cama que nuestra madre.

Bal — Por cierto, no podría decir donde dormía él.

Gas — Yo tampoco… Ni en qué tazón tomaba su café por la mañana.

Bal — En todo caso, nunca vi en casa un tazón con Lin grabado encima.

Gas — Por supuesto. Si no, supiéramos cómo se escribe…

Mel — Así que al final… no podemos estar seguros de que él existía realmente o no.

Silencio.

Bal — Lin…

Gas — Nuestro padre…

Mel — Nuestro padre que está en el cielo…

Bal — Después de desaparecer en un accidente aéreo, si dejar ningún rastro suyo detrás.

Gas — Antes de poder darnos la vida.

Mel — ¿Antes?

Gas — Si él ha muerto antes de poder engendrarnos… o nunca existió, eso significa que nos somos sus hijos.

Mel — Ante todo significa que no existimos…

Gas — Tienes razón…

Silencio.

Mel — Entonces, si os entiendo bien, seríamos los hijos que nuestra madre nunca tuvo con un tipo que no existía…

Bal — Ella tampoco nos hablaba mucho, ¿no?

Gas — Y además, hay que reconocer que allí donde vive, solo hay una habitación.

Mel — Sí… Un dormitorio… El suyo.

Bal — ¡Mamá siempre vivió en un estudio!

Mel — Al rato me vais a decir que era virgen…

Bal — O monja…

Gas — Es verdad que ese estudio podría ser también… la celda de un convento.

Mel — Debe ser esto… Se hizo monja porque Dios el Padre se hundió en el mar antes de la inmaculada contracepción…

Silencio.

Mel — Voy a sacar otra foto.

Bal — ¿Una foto de familia? ¿Para qué? Si ni siquiera somos hermanos y hermana…

Mel — Para saber quiénes somos de verdad. La primera vez, ni siquiera estábamos en la foto.

Bal — No sé si quiero saber la verdad…

Mel se aleja un poco por el fondo para sacar la foto.

Mel — Tomaré fotos de ambos, para estar seguro… Acercaros un poco…

Bal y Gas se acercan el uno al otro, un poco incómodos.

Bal — Ten cuidado… Quédate en la luz. Porque más allá…

Mel se aleja un poco más, hasta desaparecer. Momento de estupefacción. Cambio de luz.

Bal — Creo que lo recuerdo ahora.

Gas — No fue un accidente.

Bal — Tampoco fue un atentado.

Gas — Fue…

Bal — Algo como… un suicidio colectivo.

Gas — Eso es. Un suicidio colectivo.

Bal — Bueno, no realmente un suicidio.

Gas — Más bien un asesinato.

Bal — Sí… un holocausto.

Gas — El piloto del avión los precipitó con él al fondo del abismo.

Bal — Nunca debieron subir a ese avión.

Gas — ¿Pero cómo iban a saber?

Bal — Cuando subes a un avión, no puedes escoger el piloto.

Gas — No.

Bal — Tienes que confiar ciegamente en un desconocido.

Gas — Hasta entregar tu vida en sus manos.

Bal — Como un niño, al nacer, entrega su vida en las manos de sus padres. Porque no hay remedio.

Gas — Niños, sí… pero adultos. Siempre hay elección, ¿no?

Bal — Entregar su vida en las manos de un demente.

Mel — Es una locura.

Gas — Siempre deberíamos saber con qué compañía viajamos, y quién está al mando.

Bal — Para no decir después: “no sabía que nuestro avión estaba piloteado por el mismo demonio”.

Gas — El único señor a bordo después de Dios. Y después de prometernos el cielo, nos precipita en el infierno.

Bal — Debían negarse a abordar ese avión…

Gas — Murieron todos.

Bal — Y nosotros nunca nacimos.

Gas — Por eso no encontraron nunca ningún rastro de nosotros.

Bal — Como si estuviéramos borrados.

Gas — Como los demás.

Bal — Y nosotros tampoco tardaremos en desaparecer por completo.

Gas — ¿Pero ahora, dónde estamos?

Bal — No sé…

Gas — Se parece a una cárcel…

Bal — Una cárcel al aire libre…

Gas — O un cementerio.

Bal — Un cementerio con tumbas vacías.

Gas — Una escena de crimen. Un crimen en masa. La masa de todos los que nunca existirán.

Bal — Un escenario de teatro.

Gas — El único lugar donde los espíritus sin cuerpos pueden, sin embargo, manifestarse… por un tiempo.

Bal — El tiempo de una representación.

Gas — El tiempo de un arco iris.

Silencio.

Bal — ¿No éramos tres?

Gas — ¿Tres?

Bal — ¡Melchor! ¿No te acuerdas? Le llamábamos Mel.

Gas — Ah sí… Tal vez…

Bal — Se fue por allí… Voy a ver…

Se aleja por el fondo. Y vuelve.

Gas — ¿Entonces?

Bal — Nada. Sólo el borde del precipicio.

Gas — ¿También allí? (Gas da la vuelta al escenario.) De hechos, no sólo estamos al borde del precipicio, sino que estamos rodeados por la nada.

Bal — Sí… Estamos en medio de la nada.

Gas — Cómo en un islote rodeado por un océano de nada.

Bal — ¡No te aproximes demasiado al borde!

Gas — No me aproximo al borde… Pero el borde se aproxima a mí…

La luz baja.

Bal — Oscurece.

Gas (al público) — ¿Alguien tiene un cirio?

Bal saca una vela de su bolsillo.

Bal — Quieres decir una vela.

Gas — Sí… Una vela.

Bal — Siempre llevo una encima por si acaso. Pero no tengo fuego…

Gas — ¿De qué sirve llevar una vela si no tienes fuego?

Bal — ¿Tú tienes fuego?

Gas saca un mechero y enciende la vela. Ahora el escenario sólo esta iluminado par la vela. Silencio.

Gas — Si la vela se apaga antes de que alguien venga a rescatarnos, nunca existiremos.

Bal (al público) — Entonces… ¡abrochen el cinturón de seguridad!

Gas — ¿Hay algún piloto en esta sala?

Bal — ¿Un autor?

Gas — ¿Un director?

Silencio.

Bal — Nadie, ¿de verdad?

Gas — ¿Sin arrepentimientos?

Bal — ¿Sin remordimientos?

Gas — Entonces no seremos hijos de nadie.

Bal — En ningún lugar, ni en ningún tiempo.

Gas — Antes que la vela se apague por sí misma, sólo nos queda el poder de decidir nosotros mismos… cuando volver a la nada.

Intercambian una mirada, y soplan juntos la vela.

Apagón.

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