Déjà vu – Texto íntegro

Déjà vu – Texto íntegro de la obra de Jean-Pierre Martinez, disponible de forma gratuita para su lectura en Universcenic

Personajes

  • Hombre 1
  • Mujer 1
  • Hombre 2
  • Mujer 2

Escena 1 – Los mariposas

La terraza de un hotel de lujo. Una mesa de jardín y dos sillas. Un hombre llega, con un vaso en la mano, y se sienta. Vestido de manera informal pero elegante, parece relajado y sereno, como si estuviera de vacaciones. Toma con desgano el periódico sobre la mesa, mira distraídamente la portada y lo vuelve a dejar. Llega una mujer. También bastante elegante, tiene aproximadamente la misma edad que él. Intercambian una leve sonrisa para saludarse. Ella camina hacia el proscenio, enciende un cigarrillo y fuma contemplando el paisaje. Permanecen así un momento, inmersos en sus pensamientos. Ella apaga el cigarrillo, se da la vuelta, se acerca a la mesa y le tiende una tarjeta de visita.

Mujer 1 — Iba detrás de usted en el pasillo. Esta tarjeta se le ha caído del bolsillo. No sé si es importante…

Él toma la tarjeta y la mira, un poco sorprendido.

Hombre 1 — Ah, sí… Gracias…

Mujer 1 — De nada.

Él deja la tarjeta en la mesa y la mira. Ella está a punto de irse.

Hombre 1 — ¿Le puedo invitar a una copa? (Ella se gira hacia él) Para agradecerle…

Mujer 1 — No se sienta obligado…

Hombre 1 — Por favor, siéntese. (Ella se sienta) ¿Qué le gustaría tomar?

Mujer 1 — No sé… Lo mismo que usted.

Hombre 1 — No sabe lo que estoy bebiendo…

Mujer 1 — Confío en usted.

Hombre 1 — Podría ser el trago de un condenado… Veneno… Cicuta, como Sócrates.

Mujer 1 — Tiene más pinta de un dandy inglés que de un filósofo griego… Me arriesgaré…

Él sonríe y se va. Ella toma la tarjeta y la mira. Luego vuelve a contemplar el paisaje, pensativa. Tras una breve pausa, saca un tubo de pintalabios de su bolso y se aplica un poco. Él regresa con un vaso.

Hombre 1 — Estas montañas… Son realmente magníficas, ¿no?

Mujer 1 — Sí… Nunca había estado en Suiza.

Hombre 1 — Nadie va a Suiza… A menos que tenga una buena razón para ello.

Mujer 1 — Es verdad… Se dice “Ver Venecia y morir” pero nunca he oído a nadie decir “Ver Lausana y morir”.

Hombre 1 — Morir de aburrimiento, tal vez… (Le tiende el vaso) Aquí tiene. Lo mismo que yo…

Ella toma el vaso, huele su contenido y luego moja los labios en el líquido.

Mujer 1 — Whisky…

Hombre 1 — No sé si se puede considerar como veneno. Mata, pero muy lentamente. Como el cigarrillo…

Mujer 1 — En cualquier caso, está muy bueno.

Hombre 1 — Eso espero… Pedí lo más caro que tienen. No me decepcionó. El néctar en este vaso es casi tan caro como la suite que ocupo en este palacio…

Ella sonríe. Beben en silencio.

Mujer 1 — Me intriga… A Suiza se va para esquiar. Y todavía es verano. O se vive aquí para no pagar impuestos. Pero en ese caso, uno no se queda en un hotel. Además, algo me dice que no tiene ese tipo de relación con el dinero…

Hombre 1 — ¿Usted cree?

Mujer 1 — Si no, me habría invitado a un whisky común. Y probablemente ni siquiera habría notado la diferencia. Odio el whisky…

Hombre 1 — Qué lástima…

Mujer 1 — Entonces…?

Hombre 1 — Es cierto, no soy ni un amante del esquí ni un exiliado fiscal… Pero podría devolverle la pregunta. Sin ánimo de ofender, no parece estar muy familiarizada con los palacios…

Mujer 1 — ¿Se nota tanto?

Hombre 1 — Los habituales de este tipo de establecimientos son desencantados. Ya nada les sorprende. Usted, ha conservado esa capacidad de asombro…

Mujer 1 — Nací pobre, en efecto. Es una enfermedad que deja secuelas. Incluso cuando uno consigue recuperarse…

Hombre 1 — Se suele hacer burla de los nuevos ricos, pero compadezco a los que nacen multimillonarios. Hay que haber conocido el hambre para apreciar realmente una buena comida…

Mujer 1 — No soy multimillonaria. Ni siquiera soy rica. Me he alojado en este palacio solo por una noche…

Hombre 1 — No me diga que está de luna de miel…

Mujer 1 — Es una forma original de preguntar a una mujer si viaja sola… Pero no ha respondido a mi pregunta. ¿Qué le trae por aquí?

Pausa.

Hombre 1 — Ya lo sabe, ¿verdad? Ya que vio esta tarjeta que me devolvió.

Mujer 1 — ¿La dejó caer intencionadamente?

Hombre 1 — Quién sabe…

Mujer 1 — Entonces, un acto fallido…

Hombre 1 — Mi vida es una larga sucesión de actos fallidos… Sin embargo, al final, la considero bastante lograda… Entonces, ¿conoce el establecimiento que figura en esta tarjeta?

Mujer 1 — Una clínica…

Hombre 1 — Sí. Una clínica un tanto especial…

Mujer 1 — Que practica estos reciclajes voluntarios, aún prohibidos en nuestro país.

Hombre 1 — Antiguamente se llamaban suicidios asistidos. Y la Iglesia los desaconsejaba firmemente.

Mujer 1 — Y estos… reciclajes voluntarios, ¿sabe en qué consisten exactamente?

Hombre 1 — Según tengo entendido, es un poco como el recondicionamiento de los ordenadores. Se cambian las piezas defectuosas, se borra la memoria y se vuelve a poner en el mercado.

Mujer 1 — Pero por definición, nadie ha podido contar su experiencia…

Hombre 1 — Quizás por eso no hay servicio post-venta.

Mujer 1 — Una forma moderna de la metempsicosis, en suma. Después de nuestra muerte, nuestra alma iría a habitar otro cuerpo…

Hombre 1 — O bien, nuestro cuerpo servirá de receptáculo para otra alma.

Mujer 1 — Es un poco como la religión, finalmente, en una forma más moderna. Basta con creer en un más allá para que el final no nos parezca tan definitivo…

Hombre 1 — Sí… Pero para aquellos que recurren a los servicios de este establecimiento, lo importante es poner fin a sus sufrimientos actuales, ya sean físicos o psíquicos…

Silencio.

Mujer 1 — ¿Para cuándo?

Hombre 1 — Mañana por la mañana. A las once y media.

Mujer 1 — Lo siento…

Hombre 1 — No lo sienta. He vivido bien. Y uno tiene que morir algún día. No todo el mundo tiene la suerte de poder elegir el lugar y la hora…

Mujer 1 — Entiendo… Un último acto de libre albedrío…

Hombre 1 — Mañana devuelvo definitivamente mi llave en la recepción. Y libero la habitación para otro. Es la vida…

Mujer 1 — Sí. La Tierra es un hotel. Un hotel de paso para algunos. Un palacio para otros. Pero todos estamos de paso.

Hombre 1 — Y… ¿no le da miedo conversar con un muerto en vida?

Mujer 1 — Probablemente sea una oportunidad única.

Hombre 1 — Así que conocía esta clínica…

Mujer 1 — Aquí todos la conocen, aparentemente. Al llegar, el taxista me dijo: espero que no haya venido para la clínica de la muerte.

Hombre 1 — ¿Y qué le contestó?

Mujer 1 — Preferí decirle que venía de vacaciones, para respirar el buen aire de la montaña.

Pausa.

Hombre 1 — Entonces usted también…

Mujer 1 — De lo contrario, nunca me habría atrevido a acercarme…

Hombre 1 — ¿Cuándo?

Mujer 1 — Mañana por la mañana. A las once.

Hombre 1 — Casi podríamos ir juntos.

Silencio.

Mujer 1 — Tranquilo, no le voy a preguntar nada sobre la enfermedad que le ha llevado a tomar esta decisión. A menos que sea un mal de vivir…

Hombre 1 — Le prometo ser tan discreto como usted.

Mujer 1 — Tampoco intentaré hacerle cambiar de opinión.

Hombre 1 — Gracias.

Pausa.

Mujer 1 — Y usted también ha venido solo…

Hombre 1 — Sí.

Mujer 1 — Podría haber pasado este último día con las personas que le quieren.

Hombre 1 — Mi esposa fue la única persona que realmente me amó. Se fue antes que yo, por desgracia. Estoy distanciado del poco de familia que me queda. Y no tengo hijos. ¿Y usted?

Mujer 1 — He decidido ahorrarles esta prueba a mis seres queridos. Bueno… digamos más bien que he decidido enfrentarla sola.

Hombre 1 — Una experiencia última de libertad, como decía antes…

Mujer 1 — Hoy, nada tiene importancia… Nunca me he sentido tan libre.

Hombre 1 — Lo entiendo. De hecho, debo ser de los pocos que pueden entenderla.

Mujer 1 — Es por eso que me he permitido dirigirle la palabra. He vivido toda mi vida para los demás. Quiero vivir sola este último día.

Hombre 1 — Entonces será mejor que me vaya…

Él hace un gesto para levantarse. Ella lo detiene.

Mujer 1 — Quédese, por favor… Lo que quería era… pasar este último día con personas que no supieran que voy a morir mañana.

Hombre 1 — Conmigo, eso ha fallado…

Mujer 1 — Pero nosotros, al menos, podemos entendernos… No tenemos que fingir…

Hombre 1 — Tiene razón… La lástima es insoportable…

Mujer 1 — Pero tal vez sea yo quien le incomode…

Hombre 1 — No me incomoda, se lo aseguro… (Pausa) En otras circunstancias, probablemente habría intentado seducirla…

Mujer 1 — ¿Cómo conocerse cuando ya no se puede hablar del futuro, y hablar del pasado ya no tiene sentido?

Hombre 1 — Nos queda el presente… Somos dos mariposas que solo tienen un día para vivir.

Mujer 1 — Y solo veinticuatro horas para encontrar el alma gemela…

Hombre 1 — Ya casi no estamos aquí. Y, sin embargo, nunca hemos vivido tan intensamente…

Se miran a los ojos.

Mujer 1 — Va a morir porque ya no tiene ganas de vivir. Yo voy a morir porque la medicina ya me ha condenado.

Hombre 1 — ¿Es realmente diferente?

Mujer 1 — Usted todavía puede cambiar de opinión…

Hombre 1 — Usted también.

Mujer 1 — Para mí, solo sería aplazar la fecha… Me encantaría poder devolverle las ganas de vivir.

Hombre 1 — Me ha dado ganas de vivir este último día. Con usted…

Él le toma la mano.

Mujer 1 — Es curioso… Tengo la impresión de que ya le he conocido.

Hombre 1 — En otra vida, quizá… En el Titanic…

Mujer 1 — Entonces tal vez nos encontremos de nuevo.

Hombre 1 — Quién sabe. Por ahora, disfrutemos del momento. Tengo hambre. ¿Cenará conmigo?

Mujer 1 — Entonces, esta vez, invito yo.

Hombre 1 — Qué más da… De todos modos, donde vamos, no podremos llevar dinero… Ni siquiera francos suizos…

Ella sonríe. Se levantan.

Mujer 1 — Si nos reencarnamos, espero que no sea en un banquero suizo.

Hombre 1 — Ese es el problema con la reencarnación. Nunca sabes en qué te puedes convertir…

Salen.

Negro.

Escena 2 – Actualización

Una sala de estar común y corriente, amueblada de manera muy ordinaria. Una caja del tamaño de un hombre está en posición vertical en un extremo de la escena, con las inscripciones «frágil», «arriba» y «abajo». Un hombre entra, con aspecto muy común. Se quita el impermeable y la bufanda y los cuelga en un perchero. Al darse la vuelta, ve la caja y parece sorprendido. Se acerca y la examina con perplejidad. Luego se sienta y abre un periódico popular, con una portada sensacionalista sobre un tema de actualidad. Lee durante unos instantes y empieza a dormirse. Mientras dormita, dos pies salen de la caja, que se desplaza hasta el otro extremo de la escena antes de detenerse. Entra una mujer, también con aspecto muy común. También se quita el abrigo, lo cuelga junto al impermeable y deja su bolso. Al darse la vuelta, ve la caja. Parece sorprendida, se acerca y la observa. El hombre sale de su letargo.

Hombre 2 — Ah, eres tú…

Mujer 2 — Sí, soy yo… ¿Quién si no?

Hombre 2 — No sé… ¿De dónde vienes?

Mujer 2 — De fuera.

Hombre 2 — Ah, claro… Yo también… Hace un tiempo de mierda.

Mujer 2 — Como siempre… ¿Qué es esa caja?

Hombre 2 — ¿Qué caja?

Ella señala la caja.

Mujer 2 — ¡Esa caja, ahí!

Él mira la caja y luego lanza una mirada al otro extremo de la habitación donde la había visto antes.

Hombre 2 — ¿Ah, esa caja?

Mujer 2 — ¿Por qué, hay varias?

Hombre 2 — No, no creo…

Mujer 2 — Entonces…

Hombre 2 — Pensaba que sabías…

Mujer 2 — ¿Que sabía qué?

Hombre 2 — ¡Qué era esa caja!

Mujer 2 — Pues no, ya ves, no lo sé.

Hombre 2 — Pensaba que era algo que habías pedido. Sin decírmelo…

Mujer 2 — No he pedido nada.

Hombre 2 — No sé… Un frigorífico. ¿No has pedido un frigorífico?

Mujer 2 — ¿Un frigorífico? ¿Por qué un frigorífico?

Hombre 2 — Es más o menos del tamaño de un frigorífico, ¿no?

Mujer 2 — ¿Por qué iba a pedir un frigorífico? Sin decírtelo, además…

Hombre 2 — Para reemplazar el viejo.

Mujer 2 — Nuestro frigorífico funciona perfectamente.

Hombre 2 — Sí, por eso me extrañaba.

Mujer 2 — Además, nadie ha dicho que sea un frigorífico.

Hombre 2 — No…

Mujer 2 — ¿Por qué dices que es un frigorífico?

Hombre 2 — Fue lo primero que se me ocurrió.

Miran los dos la caja con perplejidad.

Mujer 2 — Una caja tan grande… ¿Qué puede ser?

Hombre 2 — Vete tú a saber…

Mujer 2 — Además, debe de ser pesada.

Hombre 2 — Sí…

Mujer 2 — Si no has sido tú quien ha puesto esta caja aquí, ¿entonces quién?

Hombre 2 — Pensaba que habías sido tú.

Mujer 2 — ¡Te estoy diciendo que no he sido yo!

Hombre 2 — Tampoco hace falta enfadarse.

Mujer 2 — Pero esta caja no ha llegado aquí sola.

Hombre 2 — Quizás ha sido un repartidor.

Mujer 2 — ¿Un repartidor?

Hombre 2 — Un repartidor de frigoríficos… O de otra cosa… Un repartidor, vamos.

Mujer 2 — ¿Un repartidor que tenga las llaves de nuestra casa?

Hombre 2 — Ah, claro. No había pensado en eso…

Mujer 2 — Pues sí… ¿Cómo habría entrado si no? ¿Por la chimenea?

Hombre 2 — Pues no…

Mujer 2 — Crees en Papá Noel, tú…

Hombre 2 — De todas formas, no es Navidad.

Mujer 2 — Y no tenemos chimenea.

Hombre 2 — Y una caja tan grande como esa no cabría nunca por la chimenea.

Mujer 2 — Si no has sido tú quien ha dejado entrar al repartidor, ¿entonces quién?

Hombre 2 — Quizás el portero.

Mujer 2 — ¿El portero?

Hombre 2 — Quizás el portero le dejó entrar.

Mujer 2 — ¿Tiene llaves de nuestra casa el portero?

Hombre 2 — No lo sé.

Mujer 2 — Ni siquiera sabía que había un portero aquí. ¿Hay un portero?

Hombre 2 — No, creo que no.

Mujer 2 — Entonces, ¿cómo quieres que sea el portero si no hay ninguno? Y, además, no tiene nuestras llaves…

Hombre 2 — Tienes razón…

Mujer 2 — Entonces es un misterio.

Hombre 2 — Sí.

Mujer 2 — Esta historia no está nada clara.

Vuelven a mirar la caja.

Hombre 2 — Quizás es un error.

Mujer 2 — ¿Un error?

Hombre 2 — Quizás es para el vecino.

Mujer 2 — ¿Para el vecino, crees?

Hombre 2 — Habrá que verificar…

Mujer 2 — ¿Qué vecino?

Hombre 2 — El vecino de enfrente. Habría que preguntarle si ha pedido un frigorífico.

Mujer 2 — Me estás cansando con tu frigorífico. ¡No sabemos qué hay dentro de esa caja!

Hombre 2 — Entonces solo hay una solución.

Mujer 2 — ¿Cuál?

Hombre 2 — Hay que abrirlo.

Mujer 2 — ¿Abrirlo…? ¿Y si no es para nosotros?

Hombre 2 — No sé.

Mujer 2 — Abrir una caja que no es para nosotros no está bien.

Hombre 2 — Eso es cierto.

Mujer 2 — Y luego, una vez que la abramos, estaremos obligados a quedárnosla.

Hombre 2 — Tienes razón. Mejor la devolvemos sin abrirla.

Mujer 2 — Sí. Pero, ¿a quién la devolvemos?

Hombre 2 — Eso…

Mujer 2 — Y además, eso no explica cómo llegó aquí esta caja. En medio de nuestro salón.

Hombre 2 — No…

Ella observa la caja más de cerca.

Mujer 2 — Hay una dirección de entrega…

Hombre 2 — ¿Y?

Mujer 2 (leyendo) – Señor y Señora… Ah, no, no es un error. Es nuestra dirección…

Hombre 2 — Ah, mierda… Entonces, ¿qué hacemos?

Mujer 2 — No sé… En cualquier caso, no veo la dirección del remitente…

Hombre 2 — Quizás deberíamos llamar a la policía…

Mujer 2 — ¿La policía?

Hombre 2 — Podría ser un paquete bomba…

Mujer 2 — No vamos a llamar a la policía solo porque hemos recibido un paquete y no sabemos lo que es.

Un momento de silencio.

Hombre 2 — O quizás es un regalo.

Mujer 2 — ¿Un regalo?

Hombre 2 — Como no sabemos qué es… ¡Puede que sea una sorpresa!

Mujer 2 — No es mi cumpleaños, ¿no?

Hombre 2 — No.

Mujer 2 — Tampoco es el tuyo.

Hombre 2 — Bueno, entonces… Solo queda abrirlo.

Mujer 2 — ¿Tú crees?

Hombre 2 — Si queremos saber qué hay dentro…

Mujer 2 — Bueno… Entonces adelante…

Hombre 2 — ¿Yo?

Mujer 2 — ¿No fuiste tú quien tuvo la idea?

Él abre la caja con precaución.

Hombre 2 — Creo que veo algo…

Mujer 2 — ¿Y…?

Hombre 2 — Es curioso, parece…

Mujer 2 — ¿Qué?

Un hombre sale de la caja, en calzoncillos tipo bóxer. Lo llamaremos Hombre 1, interpretado por el actor que hacía de hombre en la primera parte.

Mujer 2 — ¿Qué es esto…? ¿Es una broma?

Hombre 2 — En cualquier caso, no es un frigorífico.

Mujer 2 — Me ha dado un susto de muerte… ¿Pero qué hace usted ahí dentro?

Hombre 1 sonríe, pero no responde.

Hombre 2 — No dice nada…

Mujer 2 — No… Parece un poco tonto…

Hombre 2 — Puede que sea un ladrón.

Mujer 2 — ¿Un ladrón…? ¿Que se habría metido en una caja y se habría enviado a sí mismo a nuestra casa por correo?

Hombre 2 — Tienes razón, es raro…

Mujer 2 — De verdad que tiene cara de tonto, ¿no?

Hombre 2 — Tal vez es el viaje… Si viene de lejos…

Mujer 2 — ¿De lejos? ¿En calzoncillos?

Hombre 2 — En cualquier caso, no parece peligroso. Mira, nos sonríe…

Mujer 2 — Quizás es un migrante.

Hombre 2 — ¿Un migrante, tú crees?

Mujer 2 — Habrá encontrado este medio para llegar a nuestro país.

Hombre 2 — Pero, ¿cómo consiguió nuestra dirección?

Mujer 2 — No sé…

Hombre 2 — Los migrantes… suelen ser negros, ¿no?

Mujer 2 — O árabes…

Hombre 2 — No tiene mucho aspecto de árabe…

Mujer 2 — Quizás sea ucraniano.

Hombre 2 — ¿Habla usted ucraniano?

Mujer 2 — ¿Cómo quieres que te entienda si no habla nuestro idioma?

Hombre 2 — Ah, sí, tienes razón…

Mujer 2 — Y aunque te dijera que sí, ¿hablas tú ucraniano?

Hombre 2 — No…

Mujer 2 — ¿Entiende nuestro idioma?

Hombre 1 — Sí.

Hombre 2 — Ah, pues mira, nos entiende.

Mujer 2 — ¿Es usted de aquí?

Hombre 1 — No sé…

Mujer 2 — No sabe si de aquí…

Hombre 2 — También hay árabes que hablan nuestro idioma…

Mujer 2 — ¿Qué vamos a hacer con él?

Hombre 2 — ¿Cómo que qué vamos a hacer con él?

Mujer 2 — No lo vamos a echar a la calle, no parece estar muy bien.

Hombre 2 — Sí… Y además está en calzoncillos.

Mujer 2 — Podría ser atropellado. Seríamos responsables.

Hombre 2 — Deberíamos llamar a la policía. A lo mejor se ha escapado de un manicomio.

Mujer 2 — Esperemos un poco… Tal vez recupere la lucidez y se vaya por su cuenta.

Hombre 2 — Bueno… Siéntese ahí, entonces…

Hombre 1 se sienta.

Mujer 2 — Al menos no es contrariado.

Hombre 2 — Y tampoco es muy hablador.

Mujer 2 — ¿Por qué hemos recibido en nuestra casa a un tipo en calzoncillos dentro de una caja? Admítelo, no es nada común…

Hombre 2 — No… Me recuerda una historia.

Mujer 2 — ¿Qué historia?

Hombre 2 — El Caballo de Troya.

Mujer 2 — El caballo de… No es un caballo…

Hombre 2 — Empiezo a tener hambre. Con todo esto, aún no hemos cenado…

Mujer 2 — Pues pon la mesa. Yo voy a calentar el asado de cerdo.

Hombre 2 — ¿Y él?

Mujer 2 — ¿Qué pasa con él?

Hombre 2 — Quizás tenga hambre.

Mujer 2 — ¿Tiene hambre?

Hombre 1 — No lo sé.

Hombre 2 — No sabe si tiene hambre…

Mujer 2 — Pues ponle un plato…

Hombre 2 — Quizás no coma cerdo…

Mujer 2 — ¿Por qué no iba a comer cerdo?

Hombre 2 — Si es ucraniano, o algo así.

Mujer 2 — ¿No comen cerdo, los ucranianos?

Hombre 2 — No lo sé…

Mujer 2 — En cualquier caso, deberíamos darle ropa. No va a quedarse en calzoncillos.

Hombre 2 — Ropa… ¿La mía, quieres decir?

Mujer 2 — Pues sí, la tuya. No la mía…

Hombre 2 — Bueno, pues… Venga conmigo, amigo, voy a buscarle algo…

Salen los tres.

Oscuro.

Hombre 1 está sentado en el sofá, en pijama de rayas. Mujer 2 entra en camisón, sin prestarle atención. Prepara la mesa del desayuno y sirve el café. Hombre 2 entra también en pijama de rayas, y algo dormido. Se sienta a la mesa y empieza a sorber su café.

Mujer 2 — ¿Todo bien?

Hombre 2 — Me levanté tres veces a mear… Creo que bebí un poco de más anoche.

Mujer 2 — Sí, y además roncaste.

Hombre 2 — Me duele un poco la cabeza… ¿Y tú, estás bien?

Mujer 2 — Siempre es mi espalda… Me duele sobre todo por la noche…

Hombre 2 — Quizás deberíamos cambiar de colchón.

Pausa.

Mujer 2 — Esperaba un poco que fuera un sueño, y que esta mañana él ya no estuviera aquí.

Hombre 2 — Sí. Pero no se ha movido. Sigue aquí.

Mujer 2 — ¿Crees que ha dormido?

Hombre 2 — En todo caso, anoche no comió nada.

Mujer 2 — Ni esta mañana… ¿Quiere un café?

Hombre 1 — No lo sé.

Mujer 2 — No sabe si quiere un café.

Hombre 2 — Quizás no sabe lo que es.

Mujer 2 — Todo el mundo toma café, ¿no?

Hombre 2 — Los chinos suelen beber más té. O los japoneses.

Mujer 2 — No parece muy chino, ¿verdad? Ni siquiera en pijama.

Hombre 2 — De todos modos, tendremos que deshacernos de él…

Mujer 2 — A decir verdad, no molesta. No come, no bebe, no fuma…

Hombre 2 — Es cierto… Uno acabaría olvidando que está aquí.

Mujer 2 — Aunque… tener a alguien en casa a quien no conocemos…

Hombre 2 — Y que ni siquiera es de aquí, probablemente.

Mujer 2 — Es verdad, no es muy propio de nosotros.

Hombre 2 — Y qué dirán los vecinos…

Mujer 2 — ¿Los vecinos?

Hombre 2 — Esto da un poco la impresión de ser un trío, ¿no?

Mujer 2 — No es que sea muy hablador…

Hombre 2 — No… Cuando le haces una pregunta, responde «no lo sé»…

Mujer 2 — Sí.

Hombre 2 — ¿Qué vamos a hacer con él…?

Mujer 2 — No lo sé.

Hombre 2 — No lo sé, no lo sé… ¿Ves? Al final acabamos hablando como él.

Mujer 2 — Tienes razón, no podemos tenerlo aquí para siempre.

Hombre 2 — Sí, pero ¿qué hacemos con él…?

Un momento de silencio.

Mujer 2 — ¿Te das cuenta? Si lo elimináramos, nadie se daría cuenta.

Hombre 2 — ¿Eliminarlo? ¿Quieres decir…?

Mujer 2 — Nadie sabe que está aquí…

Hombre 2 — Excepto quien nos lo envió.

Mujer 2 — Y todavía no sabemos quién nos lo envió.

Hombre 2 — Ni por qué.

Un momento de silencio.

Mujer 2 — Si al menos sirviera de algo.

Hombre 2 — Es cierto. No hace nada en la casa.

Mujer 2 — Un poco como tú, la verdad…

Él le lanza una mirada algo preocupada.

Hombre 2 — Yo al menos pongo la mesa, ¿no?

Mujer 2 — Pero él, como no come…

Hombre 2 — Sí, no hace absolutamente nada… Solo está ahí.

Mujer 2 — No dice nada. No hace nada. Nos observa. Pero ni siquiera sabemos si le interesamos.

Hombre 2 — Vamos, como Dios, ¿no?

Mujer 2 — Con la diferencia de que a él, sabemos que existe.

Hombre 2 — Sí… Ocupa bastante espacio. ¿Crees que cabemos los tres en el sofá?

Pausa.

Mujer 2 — Quizás deberíamos darle un nombre.

Hombre 2 — ¿Un nombre? ¿Para qué?

Mujer 2 — No sé.

Hombre 2 — Si le damos un nombre… acabaremos cogiéndole cariño. Y si luego tenemos que… deshacernos de él…

Mujer 2 — Tienes razón…

Hombre 2 — ¿Qué hará todo el día? Cuando no estemos.

Mujer 2 — Es raro que no estemos en casa…

Hombre 2 — Pero aun así, a veces salimos. ¿Lo vamos a dejar aquí solo?

Mujer 2 — Podemos ponerle la tele.

Hombre 2 — ¿Crees que la va a ver?

Mujer 2 — No sé. Creo que, cuando no estemos, me sentiría más tranquila si supiera que está viendo la tele.

Hombre 2 — Bueno. (Enciende la tele, pero el otro no reacciona.) ¿De verdad crees que podemos dejarlo solo en nuestra casa?

Mujer 2 — Habrá que salir, ¿no? Al menos para hacer la compra.

Hombre 2 — Y yo necesito comprar mis crucigramas.

Mujer 2 — Después de todo, ¿qué riesgo corremos? Incluso a un perro se le deja solo en casa.

Hombre 2 — Como mucho, se comerá los cojines del sofá…

Mujer 2 — Me voy a vestir.

Hombre 2 — Yo también.

Salen. Hombre 1 coge el mando y cambia de canal.

Oscuro.

Hombre 2 y Mujer 2 vuelven juntos. Cuelgan sus impermeables y abrigos en el perchero. Observan la sala con aire desconfiado.

Hombre 2 — No hay nadie…

Mujer 2 — No.

Hombre 2 — Quizás lo hemos soñado…

Mujer 2 — ¿Los dos?

Hombre 2 — Una alucinación colectiva.

Mujer 2 — Es raro…

Hombre 2 — Sí… Casi nos habíamos acostumbrado…

Mujer 2 — Vuelvo enseguida. Voy al baño.

Hombre 2 — Al menos así habrá más espacio en el sofá.

Hombre 2 se sienta en el sofá y lee su periódico. Mujer 2 vuelve, empujando a Hombre 1 delante de ella. Está vestido exactamente como Hombre 2.

Mujer 2 — Nos hemos alegrado demasiado pronto.

Hombre 2 — ¿Dónde estaba?

Mujer 2 — En el baño.

Hombre 2 — ¿Pero qué hacía en el baño?

Mujer 2 — Nada…

Hombre 2 — Podríamos dejarlo en el baño, después de todo. Al menos no lo tendríamos delante todo el día.

Mujer 2 — Ah, ¿sí? ¿Y si queremos ir al baño?

Hombre 2 — Tienes razón… Entonces en el sótano, ¿qué te parece?

Mujer 2 — Ni a un perro lo encerraríamos en el sótano.

Hombre 2 — Además, ni siquiera estoy seguro de que tengamos sótano.

Piensan un momento.

Mujer 2 — Podríamos convertirlo en una lámpara… Le ponemos una pantalla en la cabeza.

Hombre 2 — O en una mesa baja… De rodillas, con una bandeja encima.

Mujer 2 — O en un sillón…

Hombre 2 — ¿Un sillón?

Mujer 2 — Un taburete, entonces.

Hombre 2 — Un puf…

Lo miran, perplejos.

Mujer 2 — ¿Te has fijado? Está vestido igual que tú.

Hombre 2 — Ha ido directamente a mi armario. Ya ni se corta…

Mujer 2 — Se parece un poco a ti, ¿no?

Hombre 2 — ¿Tú crees?

Mujer 2 — Debe ser por la ropa…

Hombre 2 — No sabemos qué está pensando.

Mujer 2 — No sabemos si es completamente idiota o…

Hombre 2 — Siempre parece estar sonriendo.

Mujer 2 — Sí… Parece contento de estar aquí.

Hombre 2 — O tal vez solo es una mueca.

Mujer 2 — ¿Una mueca?

Hombre 2 — Una especie de gesto, si prefieres.

Mujer 2 — A veces tienes unas palabras…

Hombre 2 — Son los crucigramas. A veces se aprende una palabra nueva.

Mujer 2 — Eso no significa que debas usarla.

Hombre 2 — ¿Y él? ¿Crees que podríamos enseñarle algo?

Mujer 2 — ¿Como qué?

Hombre 2 — No sé… A limpiar, a cocinar… Pequeñas tareas… Para que se haga útil.

Mujer 2 — Un esclavo doméstico, quieres decir…

Hombre 2 — A fin de cuentas, no fuimos nosotros quienes lo trajimos aquí.

Mujer 2 — Podríamos tener problemas con la policía.

Hombre 2 — ¿Problemas?

Mujer 2 — Lleva aquí tanto tiempo… Podrían acusarnos de secuestro.

Hombre 2 — Diremos que llegó por correo.

Mujer 2 — Nadie nos va a creer… (Pausa) ¿Guardaste la caja?

Hombre 2 — Sí, creo que sí… (Silencio) Quizás es un robot.

Mujer 2 — ¿Un robot?

Hombre 2 — Ahora hacen robots muy parecidos… O eso dicen…

Mujer 2 — ¿Un robot…?

Hombre 2 — Llegó por correo… Las personas no llegan por correo. Pero los robots…

Mujer 2 — ¿Y por qué nos habrían enviado un robot?

Hombre 2 — No sé…

Mujer 2 — ¿Has pedido un robot tú?

Hombre 2 — No…

Mujer 2 — Un robot que, además, se parece a ti. Que se viste como tú. Y que no sirve para nada.

Hombre 2 — Gracias por no decir “como tú”.

Mujer 2 — Se mueve un poco, después de todo…

Hombre 2 — Cuando le coges de la mano, sí. Si no…

Mujer 2 — Es verdad que nunca toma ninguna iniciativa.

Pausa.

Hombre 2 — O quizás es un extraterrestre.

Mujer 2 — ¿Un extraterrestre?

Hombre 2 — ¿Por qué no?

Mujer 2 — Los extraterrestres, en general, llegan en platillos volantes. ¡No llegan por correo!

Hombre 2 — Eso también es cierto…

Mujer 2 — Y además, ¿por qué unos extraterrestres querrían venir a nuestra casa?

Hombre 2 — Quizás para espiarnos. Ver cómo vivimos…

Mujer 2 — Se van a llevar una decepción…

Hombre 2 — Bueno, yo me voy a planchar la oreja.

Mujer 2 — ¿Tú crees que podemos dejarlo así mientras dormimos los dos?

Hombre 2 — No sé. ¿Te da miedo?

Mujer 2 — ¡Ahora que me has dicho que podría ser un extraterrestre!

Hombre 2 — Podríamos encerrarlo en algún sitio durante la noche.

Mujer 2 — ¿Encerrarlo? ¿Dónde?

Hombre 2 — En el baño.

Mujer 2 — El baño se cierra desde dentro.

Hombre 2 — Ah, sí, es verdad…

Mujer 2 — O podríamos atarlo.

Hombre 2 — ¿Atarlo como a un perro…? Eso es un poco inhumano, ¿no crees?

Mujer 2 — Tú eres quien dijo que era un robot extraterrestre.

Hombre 2 — No he dicho que estuviera seguro.

Mujer 2 — Da igual, lo dejaremos así.

Hombre 2 — Bueno… (A Hombre 1) Pues buenas noches…

Hombre 1 — Buenas noches.

Mujer 2 — En todo caso, es bien educado…

Hombre 2 — Sí… Esperemos que no nos asesine mientras dormimos.

Mujer 2 — Hay que morir de algo…

Salen.

Oscuro.

Hombre 1 está en el sofá, en pijama de rayas. La mesa del desayuno está puesta. Mujer 2 entra en camisón y parece sorprendida al ver la mesa ya preparada. Se sirve café y comienza a sorberlo. Hombre 2 entra, también en pijama de rayas, algo somnoliento.

Mujer 2 — Gracias por preparar el desayuno. Pero, ¿no es nuestro aniversario de boda, no?

Hombre 2 — ¿El desayuno? No he sido yo, acabo de levantarme…

Mujer 2 — ¿Entonces quién?

Miran a Hombre 1.

Hombre 2 — ¿Crees que ha sido él?

Mujer 2 — ¿Quién si no?

Hombre 2 — Bueno, entonces… Gracias.

Hombre 1 — De nada.

Mujer 2 — Otra palabra nueva…

Hombre 2 — Sí…

Mujer 2 — Parece que está ampliando su vocabulario.

Hombre 2 — Sí. Incluso lo sorprendí haciendo mis crucigramas…

Mujer 2 — Quizás esté empezando a encariñarse con nosotros. Ha preparado el desayuno para agradecernos que lo tengamos en casa.

Hombre 2 — O quizás está tratando de ser simpático, para que no lo echemos.

Mujer 2 — Ah, sí… Los niños hacen eso también…

Hombre 2 — ¿Preparar el desayuno, quieres decir?

Mujer 2 — Tratar de ganarse el cariño… Para que no los echen. (Pausa) ¿Por qué no tuvimos hijos, por cierto?

Hombre 2 — Tú no querías.

Mujer 2 — ¿Yo?

Hombre 2 — Yo pensaba que eras tú la que no quería.

Mujer 2 — ¿Yo? ¡Para nada!

Hombre 2 — Entonces nos entendimos mal.

Mujer 2 — En cualquier caso, ya es tarde.

Miran a Hombre 1.

Hombre 2 — Está un poco mayor para ser un niño.

Mujer 2 — Sí… Tiene más o menos tu edad… Pero él parece un poco más joven, ¿no?

Hombre 2 — Ni siquiera sabes cuántos años tiene.

Mujer 2 — Sí, pero no sé… Me parece que no aparenta su edad.

Hombre 2 — Bueno, tengo cita con el médico esta mañana.

Mujer 2 — Y yo tengo que hacer la compra. (Se dirige a Hombre 1) ¿Te portarás bien mientras no estemos?

Hombre 2 — No sé si le hablas como a un niño o como a un perro.

Mujer 2 — A un niño no podríamos dejarlo solo, en cualquier caso.

Hombre 2 — Con un poco de suerte, igual se pone a limpiar mientras no estamos. Si te ha visto hacerlo.

Mujer 2 — Tú llevas años viéndome hacerlo, y aún no has aprendido…

Salen.

Oscuro.

La misma sala de estar. Hombre 1 está sentado en el sofá. Otra caja, similar a la anterior, está en un rincón de la habitación. Hombre 2 y Mujer 2 vuelven juntos. Cuelgan sus impermeables y abrigos en el perchero. Mujer 2 lanza una mirada hacia Hombre 1 y esboza una sonrisa. Luego ve la caja y su sonrisa se congela.

Mujer 2 — No puede ser…

Hombre 2 — ¿Qué…? (Mira la caja) No…

Mujer 2 — ¿Y esto qué es ahora…?

Observan la caja con perplejidad.

Hombre 2 — ¿Crees que van a llegar muchas más, así?

Mujer 2 — No lo sé.

Hombre 2 — Esto empieza a parecer una invasión, ¿no?

Mujer 2 — ¿Una invasión extraterrestre, quieres decir? ¿Por correo?

Hombre 2 — Es verdad que es raro.

Mujer 2 — Sí…

Hombre 2 — Aunque, aún no sabemos qué hay dentro.

Mujer 2 — Pues ábrela.

Hombre 2 abre la caja. De ella sale una mujer (interpretada por la actriz que hacía de mujer en la primera parte). Lleva un camisón y tiene una sonrisa en los labios.

Hombre 2 — Esta vez es una mujer…

Mujer 2 — Así tenemos una pareja.

Hombre 2 — ¿Crees que son…?

Mujer 2 — ¿Marido y mujer?

Hombre 2 — ¿Por qué no?

Mujer 2 — No parece que se conozcan… En todo caso, no se dicen nada.

Hombre 2 — Espero que no se pongan a reproducirse…

Mujer 2 — Ella parece más despierta que él…

Hombre 2 — ¿Tú crees?

Mujer 2 — Él no parece muy listo, ¿verdad?

Hombre 2 — No sé… Ayer jugué una partida de damas con él y me ganó.

Mujer 2 — Eso no nos dice qué vamos a hacer con ella.

Hombre 2 — ¿Crees que deberíamos quedárnosla?

Mujer 2 — ¿Qué otra cosa podríamos hacer?

Hombre 2 — Aun así, empiezan a ocupar mucho espacio.

Mujer 2 — No podemos dejarla ahí, de pie en medio del salón. Vamos a sentarla junto a él.

Mujer 2 coge a Mujer 1 del brazo y la hace sentarse junto a Hombre 1 en el sofá.

Hombre 2 — Ya ni siquiera vamos a poder sentarnos en nuestro propio sofá.

Mujer 2 — Si al menos tuviéramos una habitación de invitados. Pero no tenemos amigos.

Hombre 2 — No, pero ahora tengo la impresión de ver doble.

Silencio. Mujer 1 se inclina hacia Hombre 1 y le susurra algo al oído.

Mujer 2 — Me parece que le ha dicho algo…

Hombre 1 y Mujer 1 miran en su dirección.

Hombre 2 — Sí… Parece que están hablando de nosotros…

Mujer 2 — ¿Qué estarán tramando…?

Hombre 2 — Deberíamos preguntarles.

Mujer 2 se acerca a los otros dos.

Mujer 2 — ¿Hablaban de nosotros?

Mujer 1 — Sí…

Hombre 2 — Y… ¿querían preguntarnos algo en particular?

Hombre 1 — Sí…

Mujer 1 — ¿Quiénes son ustedes?

Hombre 2 y Mujer 2 intercambian una mirada inquieta.

Oscuro.

El Pareja 1 está sentado a la mesa, en pijama y camisón. Están tomando el desayuno.

Mujer 1 — ¿Un poco más de café?

Hombre 1 — Sí, por favor.

Ella le rellena la taza sonriendo. Prueban el café y hacen una mueca.

Mujer 1 — ¿Me pasa el azúcar, por favor?

Hombre 1 — Claro…

Le pasa el azúcar.

Mujer 1 — Gracias. Muy amable.

Beben el café. Silencio algo incómodo.

Hombre 1 — Disculpe, pero… ¿nos conocemos?

Mujer 1 — No, no lo creo.

Hombre 1 — Eso me parecía. (Nuevo silencio) Aunque tengo la impresión de…

Mujer 1 — Sí, yo también.

Hombre 1 — ¿Recuerda algo? Me refiero a… antes de llegar aquí.

Mujer 1 — Absolutamente nada.

Hombre 1 — Yo tampoco.

Vuelven a tomar un sorbo de café.

Mujer 1 — Este café está realmente malo.

Hombre 1 — Sí, tendremos que comprar otra marca.

La Pareja 2 entra, con la misma ropa. Obviamente, se sorprenden al ver sus lugares ocupados y no saben muy bien qué hacer.

Hombre 2 — Están empezando a acomodarse demasiado, ¿no crees?

Mujer 2 — Sí… Ya no estamos en nuestra casa.

Hombre 1 — ¿Quieren café?

Mujer 1 — Todavía está caliente.

Hombre 2 — Sí, gracias…

Mujer 2 — Yo también, por favor. Sin azúcar.

Mujer 1 les sirve dos tazas.

Hombre 1 — Pero siéntense, por favor.

Mujer 1 — De todos modos, ya habíamos terminado.

La Pareja 1 se levanta y sale sonriendo.

Hombre 2 — Son bastante amables, al final.

Mujer 2 — Sí, nos han dejado café.

Hombre 2 — Pero lo que es el pan…

Mujer 2 — Solo quedan las migas.

Hombre 2 — ¿Has dormido bien, por cierto?

Mujer 2 — He tenido un sueño raro.

Hombre 2 — Sí, yo también.

Mujer 2 — He soñado que estaba viva.

Hombre 2 — ¿Cómo se puede soñar que uno está vivo?

Mujer 2 — No lo sé…

Hombre 2 — Si soñamos que estamos vivos, es que ya estamos muertos, ¿no?

Mujer 2 — Sí, tendría sentido. (Pausa) Entonces, ¿crees que todo esto es solo un sueño?

Hombre 2 — Más bien una pesadilla, entonces…

Mujer 2 — Pero, vamos, ¡existimos! Si no existiéramos, lo sabríamos, ¿no?

Hombre 2 — Al mismo tiempo, si no existimos, ¿cómo saber que no existimos?

Mujer 2 — Esto se está volviendo demasiado complicado para mí.

Hombre 2 — Pienso, luego existo. Pero si no existo, no puedo pensar que no existo…

Mujer 2 — Voy a servirme un poco más de café…

La Pareja 1 entra, vestida como la Pareja 2 cuando no están en ropa de noche.

Mujer 1 (a Hombre 1) – ¿Crees que podemos dejarlos solos en casa?

Hombre 1 — Por ahora, no tenemos mucha elección.

Mujer 1 (a la Pareja 2) – Salimos a hacer algunas compras.

Hombre 2 — ¿Compras? ¿Qué tipo de compras?

Mujer 1 — No podemos quedarnos vestidos así, ¿verdad?

Hombre 1 — Sin mencionar la comida… ¿No os sienta mal comer todas esas porquerías?

Hombre 2 — Bueno… estamos acostumbrados…

Mujer 1 — Iremos al mercado a comprar productos frescos.

Mujer 2 — ¿Queréis dinero?

Hombre 1 — No hace falta, gracias.

Mujer 1 — Hemos cogido vuestra tarjeta de crédito.

Mujer 2 — Ah, perfecto…

Hombre 1 — Bueno… Entonces, sed buenos…

La Pareja 1 sale. La Pareja 2 intercambia una mirada perpleja.

Mujer 2 — Se han ido.

Hombre 2 — ¿Crees que volverán?

Mujer 2 — Espero… Se han llevado la tarjeta de crédito.

Hombre 2 — Puede que te parezca raro, pero cuando no están aquí, tengo la sensación de existir aún menos. ¿No te pasa a ti?

Mujer 2 — Sí… (Pausa) ¿Dónde están las cajas?

Hombre 2 — En el armario de la escoba.

Mujer 2 — Ahora vuelvo…

Mujer 2 sale. Hombre 2 coge el periódico, le echa un vistazo y lo vuelve a dejar.

Hombre 2 — Es el de ayer, y ya hice los crucigramas. Espero que se acuerde de comprar el periódico de hoy.

Mujer 2 vuelve con un trozo de papel.

Mujer 2 — No encontré la dirección del remitente…

Hombre 2 — ¿Y entonces?

Mujer 2 — Pero había un número de teléfono. Estaba en letra muy pequeña. Lo he apuntado aquí.

Observan la caja.

Hombre 2 — ¿Qué hacemos?

Mujer 2 — Voy a llamar…

Ella marca un número en un teléfono fijo antiguo.

Hombre 2 — ¿No contestan?

Mujer 2 — Está sonando… Sí, hola… Sí, soy… Ah, ya saben quién soy… Así que ya están al tanto… De acuerdo… Entonces supongo que es un error… ¿No? ¿Cómo que no…? Vale… No, no, esperamos su llamada… Gracias… Sí, igualmente…

Cuelga el teléfono.

Hombre 2 — ¿Entonces?

Mujer 2 — Es del Ministerio del Ser o No Ser.

Hombre 2 — Ah, sí… Antes se llamaba Ministerio del Ser y la Nada, creo.

Mujer 2 — Estos ministerios, cambian de nombre con cada gobierno.

Hombre 2 — ¿Y entonces?

Mujer 2 — Dicen que son nuestros reemplazos…

Hombre 2 — ¿Cómo que nuestros reemplazos?

Mujer 2 — Han estudiado nuestro expediente. No somos lo suficientemente eficientes. Ya no trabajamos. No consumimos lo suficiente. Estamos enfermos con demasiada frecuencia. Y nuestra huella de carbono es desastrosa.

Hombre 2 — ¿Y entonces?

Mujer 2 — Nos sustituyen.

Hombre 2 — Esto es de locos… Pero ¿qué van a hacer con nosotros?

Mujer 2 — Eso aún no lo sé…

Hombre 2 — No nos irán a reciclar, ¿verdad? Como si fuéramos simples envases.

Mujer 2 — Dicen que nos llamarán de nuevo.

Hombre 2 — No nos vamos a dejar, ¿verdad?

Mujer 2 — ¿Qué podemos hacer? Es el Ministerio…

Silencio.

Hombre 2 — Entonces esos dos, son nuestros reemplazos.

Mujer 2 — Al parecer.

Hombre 2 — Pero ¿quiénes son?

Mujer 2 — Gente… a la que le han formateado el disco duro.

Hombre 2 — ¿Y a nosotros no nos pueden formatear?

Mujer 2 — Dicen que no… El modelo es demasiado antiguo… Ya no hay actualizaciones posibles…

Hombre 2 — Reemplazarnos…

Mujer 2 — Es cierto que no somos insustituibles…

Hombre 2 — Sí… Quizás nos hemos dejado un poco…

Mujer 2 — Y ahora ya es tarde… (Suena el teléfono, y ella contesta) Sí…? Bueno… No, no… De acuerdo…

Hombre 2 — ¿Eran ellos?

Mujer 2 — Sí.

Hombre 2 — ¿Y qué han dicho?

Mujer 2 — Que tenemos que reutilizar las cajas para la devolución de los modelos antiguos.

Hombre 2 — ¿Los modelos antiguos…? ¿Quieres decir… nosotros?

Silencio.

Mujer 2 — ¿Crees que son mejores que nosotros, nuestros reemplazos?

Hombre 2 — La verdad es que son un poco más… elegantes.

Mujer 2 — ¿Elegantes?

Hombre 2 — Y además, me ganó al ajedrez…

Pausa.

Mujer 2 — No dicen gran cosa. No saben casi nada.

Hombre 2 — Pero al parecer, aprenden rápido.

Mujer 2 — Sí… Tan rápido como nosotros olvidamos lo poco que aún sabíamos.

Hombre 2 — ¿Y si nos deshiciéramos de ellos…?

Mujer 2 — ¿Crees que tenemos derecho a hacer eso?

Hombre 2 — Seguramente no. Pero no tendrían a nadie que nos reemplazara.

Mujer 2 — Es el Ministerio, aun así… Podríamos meternos en problemas…

Hombre 2 — ¿Problemas…? ¿Más que estar muertos, quieres decir?

La Pareja 1 regresa. Van vestidos de forma mucho más elegante y ni siquiera parecen prestar atención a la otra pareja.

Hombre 1 — Habrá que plantearse redecorar la casa.

Mujer 1 — Sí… Y ni hablar de las pinturas.

Hombre 1 — Renovar, como dicen los agentes inmobiliarios.

Mujer 1 — Voy a meter las compras en la nevera. Por cierto, hablando de nevera, habrá que renovar también los electrodomésticos…

Hombre 1 se sienta en el sofá y abre un periódico.

Hombre 2 — ¿No habréis comprado mis crucigramas, por casualidad?

Hombre 1 — Ah, no, lo siento…

Mujer 1 regresa y mira al primer par de reojo.

Mujer 1 — Aún están aquí…

Hombre 1 — Sí.

Mujer 1 — ¿Cuándo vendrán a buscarlos?

Hombre 1 — Dijeron que pronto…

Mujer 1 — Me da pena por ellos, pero bueno…

Hombre 1 — Sí… No supieron adaptarse.

Mujer 1 — ¿Qué vamos a hacer con ellos mientras tanto…?

Hombre 2 y Mujer 2 intercambian una mirada inquieta.

Oscuro.

El mismo salón. Dos cajas se encuentran en cada extremo del escenario. La Pareja 1 regresa.

Hombre 1 — ¿Entonces ya está?

Mujer 1 — Sí. Los he metido en las cajas.

Hombre 1 — Pero no se van a quedar aquí, ¿verdad?

Mujer 1 — Vendrán a recogerlas mañana.

Hombre 1 — Perfecto.

Silencio.

Mujer 1 — ¿Crees que algún día será nuestro turno?

Hombre 1 — Seguramente…

Mujer 1 — ¿Y nos reemplazarán por quién?

Hombre 1 — Otros que no seamos nosotros, imagino. Mejores.

Mujer 1 — Entonces intentaremos hacer actualizaciones con frecuencia…

Hombre 1 — ¿Y si empezamos por conocernos?

Mujer 1 — De acuerdo. Pero ¿cómo vamos a conocernos, si ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos? No recordamos nada.

Hombre 1 — Es verdad.

Mujer 1 — Somos como niños que acaban de nacer.

Hombre 1 — Los niños saben todo lo que tienen que saber sobre sí mismos, y nada sobre el mundo que les rodea. Nosotros es más bien al revés.

Hombre 1 — Sí… Somos reacondicionados.

Mujer 1 — El sistema operativo sigue ahí.

Hombre 1 — Solo se ha borrado la memoria y los datos personales.

Mujer 1 — También tendremos que saber un poco quiénes eran esas personas.

Hombre 1 — Si se supone que debemos reemplazarlas…

Mujer 1 — Me pregunto a dónde irán a devolverlas.

Hombre 1 — Probablemente al lugar de donde venimos.

Mujer 1 — Y por qué nos eligieron a nosotros dos…

Hombre 1 — ¿Crees que no ha sido casualidad?

Mujer 1 — No sé por qué, pero me alegro de estar aquí contigo.

Hombre 1 — Yo también.

Mujer 1 — Quizás nos conocimos en otra vida.

Hombre 1 — ¿Crees que ya éramos marido y mujer?

Mujer 1 — O quizás no coincidimos. No nos encontramos en el momento adecuado, o nos encontramos demasiado tarde.

Hombre 1 — Entonces esta será nuestra segunda oportunidad.

Mujer 1 — Es muy romántico…

Hombre 1 — Sí… ¡Habrá que celebrarlo!

Mujer 1 — Creo que vi una botella de whisky en un armario.

Ella sale un momento. Hombre 1 mira a su alrededor con cierta perplejidad. Ella vuelve con dos vasos y le tiende uno. Brindan.

Hombre 1 — Por nuestro encuentro, entonces…

Mujer 1 — O por nuestro reencuentro, quién sabe…

Beben.

Hombre 1 — Es el peor whisky que he probado nunca. ¿A ti no te parece?

Mujer 1 — O quizá es que no me gusta el whisky…

Miran alrededor y levantan sus vasos hacia las cajas.

Hombre 1 — Una vida que termina… y otra que comienza…

Mujer 1 — Sí… Y, considerando de dónde venimos… no puede sino mejorar.

Llaman a la puerta.

Hombre 1 — Debe ser para recoger las cajas…

Oscuro.

Fin.

Derechos

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